Recién estrenadas las rebajas de verano me fui a la búsqueda de las oportunidades que supuestamente uno se debe encontrar.
Toda optimista pensando que iba a llenar el armario de chollos me fui encontrando con varias realidades, la primera en la frente fue comprobar que lo bonito era de nueva temporada ,es decir, sin rebajas aunque fueran camisetas o sandalias ¿en otoño?, deben sacarla para las suecas residentes en España, yo soy más de evitar la criogenización de los pies, o todo o nada. Esta práctica antes solo lo hacía Massimo Dutti, pero Zara también se ha subido al carro.
La segunda sorpresa fue descubrir que no tengo ni idea de mi talla, hasta ahora había sido una común 38, pero he descubierto que puedo ser una L si estoy buscando unos bermudas en Zara, o una S en un vestido de Pepe. Hasta ahora yo pensaba que había diferencias de tallaje dependiendo de los países, pero no, ahora puedes ser talla L, M, S en el mismo día sin beber agua, ni ir al baño y en la misma tienda.
Ante tanta incógnita de si la prenda en cuestión te va a quedar como una morcilla de burgos o como un saco de patatas piensas que lo mejor es preguntarle la opinión a una dependienta, la cual a su vez te va a preguntar la talla que usas ¡¡!!, entonces empezará a hacer cábalas y cálculos matriciales de si esa prenda se corresponde con el tallaje que usas, absurdo ¿no?





