Aquí mi móvil, aquí un amigo.


El otro día fui confidente de un incidente que dejó a uno de los involucrados de mal humor y a mí llena de dudas.

Me contó una amiga que se había molestado bastante cuando, paseando por la calle, su acompañante recibió una llamada al móvil que le mantuvo en línea unos buenos 15 min. Durante ese tiempo impreciso mi amiga se sintió desplazada y un poco abandonada. Me contaba que no sabía si estaba siendo intransigente y susceptible o realmente existía una razón para su enfado.

Cuando éramos niños nuestro padres se esforzaron en inculcarnos ciertas normal de urbanidad y educación (vale, está claro que existen evidentes fracasos) que más adelante nos permitiesen vadear las inclemencias de las relaciones sociales de una manera más o menos airosa. Ahora parece que hubiésemos llegado a un punto donde es fácil preguntarse si la tecnología avanza más rápido de lo que nos adaptamos socialmente a ella. ¿Está la educación perdiendo la batalla frente a las máquinas?. Me quedé con la duda y decidí investigar si era yo la única interesada en que el mensaje no matase al mensajero.

Leo un artículo de CNN donde mencionan un sondeo encargado por Intel que puede a arrojar alguna luz sobre el tema. El primer mandamiento sería no enviar ni leer mensajes mientras se conduce. Esto me parece una obviedad porque no sólo se trata de educación sino también de seguridad.

Además de esto la encuesta reflejaba que al 60% nos molesta la gente que habla muy alto por teléfono (a mí particularme me molesta tanto con teléfono como sin él pero debe ser que soy un poco finolis). Más del 50% dijo que le molestaba la gente usando móviles en restaurantes. Este porcentaje se sitúa por debajo del 50% cuando esto ocurre en cines. Usar los móviles en las tiendas de autoservicio ocupa el cuarto puesto de las quejas con un 41% mientras que cuando lo usas en baños públicos molestas al 26% de los encuestados. Definitivamente la gente es particular, yo lo del autoservicio no lo entiendo.

Pasmada con una sensibilidad que nadie parece capaz de reconocer en público, he buscado una interesante lista de puntos a tener en consideración y que parecen ser comunes a casi todas las fuentes que he consultado (protocolo.org por ejemplo).

En primer lugar hablan de la manía que tenemos algunos de estar constantemente verificando y revisando el móvil a la búsqueda de mensajes o llamadas perdidas, enviando sms, chats o mensajes varios. Mucho menos cuando estamos en compañía. Me viene a la cabeza alguien que conozco que pasa más tiempo jugando con el móvil que interactuando con el grupo con el que esté en ese momento. Participa como el Guadiana en la conversación y parece alternar la nuestra con la/las actividades que mantenga a través del celular. Yo debo ser un poco lerda porque ya me cuesta mantener la concentración en una conversación como para hacerlo en varias!

Bad Date!

Otro tema que tocan se refiere a la duración de las llamadas sobre todo cuando se está en compañía. Aconsejan que sean breves y concisas. Resulta que mi amiga no está ni loca ni es intransigente! Además aportan una serie de excusas creíbles para concluir conversaciones de una manera suave. Yo personalmente prefiero una verdad por delante tipo “mira ahora estoy liada con algo, hablamos luego?” el problema es que a veces somos demasiado sensibles y una contestación así nos sienta mal. Tengo un amigo francés con una manía que me encanta y me parece perfecta para evitar momentos incómodos; cuando llama al móvil y después del evidente “hola” añade “te pillo mal?”. Me parece fantástico tener la oportunidad de posponer una conversación con dos simples palabras, si es que estás liada, sin necesidad de rebuscar excusas creíbles y sobre todo discretas, o poder contestar con un efusivo “por supuesto que no! Cuéntamelo todo!” cuando el momento es adecuado.

Recalcan también la importancia de no llamar tropecientas veces seguidas si no te cogen el teléfono, asumiendo que la persona a quien llamas está sorda o no atina con la tecla (y esto lo sufro en mis carnes con bastante frecuencia). Obviando las situaciones límite, hay que aceptar la posibilidad de que si tu interlocutor no contesta es porque no puede. Siendo lo que vulgarmente se llama “pesado” sólo vas a conseguir cabrear al susodicho. Y a mí que estoy al lado!

El resto de las consideraciones me parecen ya demasiado obvias y no es cuestión de predicar. Baste resaltar la importancia de mantener un tono de voz moderado, el saber cuando apagar el móvil (teatros, cines, iglesias, reuniones..) y no pensar que nuestro móvil es un amuleto que necesite estar expuesto constantemente encima de la mesa. De esto último me reconozco culpable aunque me consuela pensar que al menos no lo acompaño de las llaves del Mercedes. Bien pensado..¡hablamos cuando lo tenga!

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