Archivo de la categoría: Belleza y bienestar

va de tapas


Debo decir que el día a día me come, supongo que es una vil excusa, pero lo cierto es que esta crisis me está matando, a lo mejor me ha pillado mayor y ya no tengo tantas fuerzas como para hacer algo más que trabajar y trabajar con el loable fin de seguir pagando mis facturas de forma tan indefinida como el contrato laboral ideal

Pero eso no quiere decir que siga teniendo un corazoncito bloguero y deseoso de compartir todo con la red. Además como lo que sí me he vuelto últimamente es adicta a twitter, estoy al día de todo lo que se cuece

En una de estas excursiones por los mundos virtuales, me he hecho fan de unos chicos estupendos que tienen un blog llamado En Ocasiones Veo Bares, el cual hace un recorrido por los bares y casas de comida con más solera de Barcelona, de esos en los que el arte de comer bien, en abundancia y barato, sigue existiendo y que te acercan a la historia cotidiana de la ciudad. Esta revisión resulta necesaria si lo que quieres es formar parte de tu ciudad de adopción de la misma forma que lo haces en tu ciudad de origen.

Por ello, empiezo y espero continuar, un especial de mejores tapas barcelonesas, sin ranking, sin separar por barrios y sin más ánimo que compartir mis descubrimientos, como hacen tan bien los chicos de EOVB en la red

 

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Viajando en el túnel del tiempo de la belleza


Ayer me levanté con ganas de aprovechar el sábado desde primera hora de la mañana y, aunque suene muy frívolo, me pareció que nada me “iba a poner tanto las pilas” como empezar con una sesión de belleza.

Para ello, nada mejor en Barcelona que acudir al Instituto Francis.  Creo que ayudó un poco que el día anterior hubiese estado viendo  Mad Men, la serie sobre publicistas en el Nueva York de los años sesenta, que ha vuelto a poner de moda la estética de esa época, curvas incluidas, lo cual es de agradecer sobre todo cuando nos acercamos a la temporada navideña.

Pues bien, la serie evoca una época, donde la función de florero en las mujeres estaba bien vista tanto por ellos como, desgraciadamente, por nosotras. Ahora bien, hay que reconocerles a esas chicas que eran unas profesionales en el arte de estar estupendas. Invertían una buena cantidad de tiempo y dinero en su imagen, por lo que acudir a centros de belleza integrales donde se peinaban, recibían masajes, se hacían manicuras y se depilaban, se democratizó y se convirtió en una rutina que empezamos  a seguir todas las mujeres del mundo occidental más o menos religiosamente, hasta nuestros días.

La versión española de estos centros es el Instituto Francis. La verdad es que lo que más me impresionó desde que llegué a Barcelona de este lugar, es que se trata de un edificio entero de siete plantas, dedicadas exclusivamente a la belleza femenina y una adicional dedicada a la masculina. A mi que tengo una especial debilidad por todo lo vintage, no podía dejar de probar los tratamientos de este sitio, máxime cuando me enteré que estaba especialmente vinculado al célebre consultorio radiofónico del siglo pasado, Elena Francis. Esto si que era ya el colmo del vintage.

A mi me gusta ir a depilarme porque puedes ir sin cita, llegas coges número, te aprovisionas de revistas  y esperas. Te llaman unas profesionales con bata blanca y te llevan a un cuartito que tiene la misma decoración desde 1968 fijo. Hasta tienen un ventilador para que no pases mucho calor mientras te depilan.

He oído críticas de todo tipo sobre el lugar, y por mi parte puedo decir que no es barato, pero nadie te quita el placer de sentirte por un rato, como Christina Hendricks y compañía, sólo por eso merece la pena la visita

 

Instituto de Belleza Francis

Ronda de Sant Pere, 18, 08010 Barcelona 933 17 78 08 

 

Sombra aquí, sombra allá…maquillate!


Tenía cita el otro día enla pelu.  Sí, suena marujil pero admitámoslo, es una necesidad fisiológica que tenemos todos más tarde o más temprano.

El caso que ahí me encaminé, con mi careto de cansada y unas ojeras hasta los pies.  Básicamente como si me acabase de levantar después de una de esas noches de farra memorable pero sin la farra y sin lo memorable.   Quizás por eso me pasé medio anestesiada todo el proceso de lavado y parte del corte de pelo.  Así pasa lo que pasa, el peluquero hizo lo que quiso con mis melenas y yo sin fuerza para opinar hasta que ya era demasiado tarde.  Eso de que los peluqueros hacen oídos sordos (por decirlo bonito) a lo que les dices y les pides se merece una entrada a parte porque para mí es uno de los misterios del Universo.

El caso es que cuando estaba pagando, y ya un poco más despejada, me ví reflejada en un espejo que colgaba detrás del mostrador y no pude por menos que exclamar “cáspita, menudas ojeras!”.  En honor a la verdad no fue “cáspita” lo que dije pero es que me  acaba de dar una ventolera cursi…

A la simpática señora que tenía mi tarjeta de crédito en su mano le debió de motivar la conversación porque enseguida pillo tema con mis ojeras y mi tono de piel.  Y menos mal porque sinceramente yo soy muy negada para esas cosas y mi aprendizaje se paró de golpe casi en el bachillerato.  No sólo me recomendó un estupendo corrector de ojeras si no que además me dio la dirección de la tienda, no muy lejos de allí, donde ella compraba todo el maquillaje para las producciones de cine y teatro en las que colaboraba.

Tenía algo de tiempo que matar y me encaminé al lugar pensando en comprar un cubre ojeras que no sabía si iba a utilizar para algo.  No tenía grandes expectativas sobre la tienda en cuestión.  Tengo que decir que mi instinto me jugó una mala pasada.  Me encontré una tienda bastante grande, amplia, luminosa y bien provista.  Un montón de productos para todo tipo de circunstancias y a unos precios muy asequibles.  Evidentemente me compré el “tapaojeras” (del que tenían toda una variedad de colores dependiendo del tipo de piel) y curioseé un poco entre los distintos productos.

Me dí cuenta de que llevaban muy pocas marcas y todas desconocidas para mí, así que al llegar a casa investigue un poco en la red.  La marca principal se llama

Concurso Miss Universo 2009 by Kryolan

Kryolan  y es alemana, especializada en productos para cine y televisión.  Pensé que si era bueno para ellos (actores) también debería ser bueno para mí.  Me sentí bastante satisfecha cuando lo probé y vi lo bien que quedaba y sobre todo porque no había pagado un precio desorbitado por él (10€). El resumen es que ahora he incorporado un nuevo producto a mi hiper-simple rutina del sector chapa y pintura pero que os recomiendo totalmente pasar por la tienda si el tema maquillaje os atrae más que a mí.

Ahora toca probar lo último que me han recomendado; el smashbox.  Una línea de productos que parece te dejan la piel como si te hubiesen hecho un lifting..jaja..bueno creo que aquí he exagerado un poquillo.  La mala noticia es que por ahora sólo se venden en US y por Internet.

Caducos y perennes


Ya está el otoño en puertas. Se va el calor y casi casi el sol, cierran las terracitas y la manga corta vuelve al baúl. También se va nuestro buen humor. Al menos hasta adaptarnos a la nueva estación.

Ya que andamos con el humor un poco destemplados porque se acaban las vacaciones, se acaba el buen rollito que viene incorporado al sol y al calorcito, atacan las medias y calcetines, empiezan las resoluciones de cada principio de curso y nuestra cuenta bancaria llega al Otoño tiritando tanto como nosotros, he pensado que bien podíamos aprovechar y ponernos reivindicativos.

Caperu y el más famoso de los abrigos rojos*

Hasta que cambiemos el chip y comencemos a valorar las cosas buenas del otoño (hmmm esas setas tan ricas, ese abriguito rojo tan mono que me queda tan estupendo, la cercanía de esas Navidades para el que gusten..) podemos quizas descargar el mal humor haciendo una lista de cosas que nos han irritando, nos irritan y nos irritaran por los siglos de los siglos. No es que en verano nos molesten menos pero, no vamos a negarlo, en tirantes, con las Ray-Ban ultimo modelo y en una terraza al sol pues como que duele menos.

Propongo:

La gente que grita
La gente q entra/sale de los ascensores (y otros lugares públicos) y no saluda.
La boda de la duquesa de Alba
La gente que hace ruido al comer
Las “soccer moms”
La crisis ( q original)
Los políticos (me estoy superando)
Depilarme
La gente que no recicla
Las cenas de compromiso
Que el deporte requiera esfuerzo.
Revéleme su rollo.
La gente que se aprovecha de que aguantes la puerta y te nombra portero.
Perder los paraguas.
La gente que se cuela y se hace la despistada cuando les mira con “mirada matadora”

Hacer esta lista no vale de nada porque nada (o casi nada) cambia pero tiene un poco rollo catarsis que a veces es muy terapéutico. Siempre se ha dicho que escribir sobre o decir en alto aquellas cosas que nos afectan ayuda a liberarnos de pensamientos negativos y a poner en orden nuestra mente. Aprovecho el otoño para sacar los trastos de limpieza y como dicen los anglos “clean house”. Tampoco hay que inquietarse; en breve estaremos escribiendo algo sobre las maravillas de la temporada otoño/invierno. Tiempo de castañas.

* esta foto la saque de: http://estrellasmarycielo.blogspot.com/2011/04/caperucita-roja.html

hoteles churriguerescos (hotel Aldiola)


Tengo una amiga que dice que los sitios románticos para ir con tu chico, son definitivamente sitios churriguerescos. Hay un montón de hotelitos situados en sitios increibles, con vistas fantásticas, apartados de la civilización o en pueblos medievales, donde no se te ocurriría ir con nadie más que con tu “churri” y ya te ves tú allí pasando unos días dignos del final de una película de Meg Ryan, (una en la que no salga Tom Hanks por favor, puaj) Como por supuesto todas somos bastante insistentes, cuando se nos mete algo entre ceja y ceja, en algún momento liamos al churri en cuestión y nos lo llevamos a un sitio así en cuanto llega la primera celebración que se precie. Luego, claro está la realidad te supera y te vas al sitio de tu vida ideal en un fin de semana de pelea continua. O te comparte con un Madrid-Barca y te preguntas qué haces tú más aburrida que una paraguaya en el fin del mundo, en un sitio donde no hay siquiera cobertura de móvil, ni internet y tu pareja está de lo más entretenido viendo a Mourinho meterle un dedo en el ojo a alguien del Barça. Ahi vuelve a salir la feminista que llevas dentro y empiezas a renegar de Meg Ryan y del daño que le han hecho su porquería de películas a la sociedad, especialmente en las que sale Tom Hanks. Sin olvidar los imprevistos, claro está, porque me contó una amiga que se fue a una ciudad medieval en Aragón, tan estratégicamente situada que desde allí, además de visitar la zona, podían ir a Navarra y a San Sebastián. En resumen que pretendían pasar unos días romántico-gastronómicos, y así lo hicieron, hasta que una ración les sentó tan mal que se tuvieron que volver a Madrid urgentemente. Creo que no engordaron ni un gramo en el fin de semana gastronomoromántico Como a pesar de todo vamos a seguir intentando pasar el mejor fin de semana de nuestra vida, o las mejores vacaciones, iremos dejando aquí los que después de alojarnos en ellos, nos parezcan más ad hoc, luego como lo pase cada uno en el sitio de marras ya es asunto de cada uno

Empezamos por el Hotel Aldiola Country Resort porque es uno reciéntemente disfrutado. Se encuentra en Cerdeña en el interior de la isla, junto al Lago Liscia. La verdad es que el interior de Cerdeña es más bonito y más tranquilo que la costa, especialmente la Costa Esmeralda. Por supuesto llegar hasta él es un suplicio, ya que las carreteras italianas sólo son superadas por los conductores lugareños, yo creo que debes tener un ADN especial para conducir por ese país sin que sufras un infarto cada cien km. Pero una vez que llegas te parece mentira que se trate de la misma isla del bullicio y los yates de lujo. El hotel está formado por una serie de cabañas escondidas entre la vegetación aprovechando los desniveles del paisaje, cada habitación es una de las cabañas  y cuenta además con una pequeña terraza rodeada de plantas. La sensación de privacidad y aislamiento es increible Tiene además una zona común con una piscina estupenda, fresquita incluso en agosto , que es de agradecer con el calor que hace en la isla, y un comedor pequeño pero muy agradable. Además te dejan bicis para moverte por los alrededores y llegar hasta el Lago Lo malo del sitio son los mosquitos claro está, porque a la compañía le damos la presunción de excelencia, al menos hasta que llegamos al lugar y lo disfrutamos… o no…

Parshva Dhanurasana


No se trata ni de un plato indio muy picante, ni tampoco de una revista de interés cultural moscovita,  sino de una postura con supuestamente, innumerables beneficios para la salud

Ayer c0mencé la operación vuelta al cole, así que decidí apuntarme a una clase de yoga. Por supuesto he dicho UNA clase de yoga, porque como ya soy experta en el increible arte de “tirar el dinero” y maltratar la propia economía, sólo me apunto a sitios donde me dejan probar antes y no resultan especialmente caros (si son gratis mejor).  Ni que decir tiene que me niego a pagar matrícula alguna. Si los gimnasios viven de las matrículas y clases de más pagadas por ingenuas que en septiembre creen que al final del año van a tener la forma física de una top model,  y que para el Puente del Pilar, ya han pasado olímpicamente de ir incluso al baño turco (no nos engañemos, es lo mejor del gimnasio) que lo hagan. Yo por mi parte, me niego a caer en esa trampa…. otra vez. Como ya he dicho antes, estoy en terapia para dejar de maltratar mi pobre economía doméstica

Claro que no he descubierto la pólvora, y como hay mucha gente como yo, antes la primera clase era gratis, pero desde hace un tiempo, te la cobran, de forma simbólica pero te la cobran. Incluso en algunos sitios la descuentan del precio del la primera mensualidad si te quedas luego, pero de primeras la apoquinas sí o sí.

Como a pesar de todo resultan baratas, yo me estoy haciendo una experta en probar sitios, a ver si en una de estas encuentro el definitivo, pero por el camino y gracias a ello, he probado cosas  increibles de las que hablaré otro día

Una amiga me había hablado durante todo el verano de los beneficios del Vinyasa Yoga. Por si alguien no lo sabe, cosa que dudo, el yoga tiene unas cuantas variantes, que van desde el yoga más relajado y enfocado a la meditación (kundalini) al más físico (Hatha). A mi personalmente kundalini no me gusta, porque yo hago yoga con la sana intención de que se me quede el cuerpo como a Madona de hace unos años, ahora ya se ha pasado de la raya, no para que me den una chapa sobre la meditación etc. Yo para eso me voy a misa de doce, como toda la vida, y luego a la salida me tomo una caña como debe ser. No me trago el sermón budista para luego encima comer zanahorias, y que nadie se ofenda

Yo había probado en unas cuantas ocasiones Bikram, que es el yoga que se hace a 40º  y me había encantado. Iba con una amiga los domingos por la mañana, cuando vivía en Madrid, al centro de Divino Pastor, sudábamos un montón, y a la salida con nuestro te, criticábamos a los famosillos que seguían esta disciplina, terminábamos comiendo en la Isla del Tesoro, que es un vegetariano que hay en la calle Manuela Malasaña que está francamente bien.  La verdad es que te sentías nueva después de haber sudado y haberte comido una pasta con anacardos para compensar.  En Barcelona al principio, también me apunté a Bikram y cambié la comida vegetariana de después por comida indonesia cerca de la Catedral, acompañada por te de jengibre, y  también resultó una muy buena combinación. El problema es que Bikram se ha puesto tan de moda que se ha llenado un montón, la sala sigue siendo la misma y la cantidad de gente que lo practica ha aumentado en un 40% mínimo, lo cual teniendo en cuenta que es una disciplina que haces con calor, no resulta nada tentador.

Por ello, decidí investigar vinyasa, ya que mi amiga me había dicho que se trataba de un yoga muy físico, que incluso hacían el pino. A mi esto ya me convenció del todo, porque yo tengo una espinita con lo del pino, ya que nunca he sido capaz de hacerlo, ni con pared, ni puente ni nada.

Por supuesto mi fuente de sabiduría universal, google, me proporcionó un par de sitios en Barcelona, y llamé a uno de ellos porque tenía la página web más elaborada (las páginas web son como los escaparates de las tiendas, tienen que estar cuidados, si no, no entras en el sitio). La clase suelta costaba cinco euros lo que resulta bastante atractivo porque si no te gusta, siempre te puedes ir a la mitad y no pierdes tanto dinero (si te deja el profesor, porque suelen ser bastante bordes en este aspecto). Me dijeron que no tenía que llevar esterilla que me la dejaban ellos y que no me llevase nada de ducha, porque los beneficios de yoga se pierden si te duchas durante la media hora siguiente después de haberlo practicado. A mi esto me parece bastante poco higiénico pero como la clase era a última hora de la tarde, ya me ducharía en mi casa. Yo que soy un poco susceptible, creo que se han ahorrado la ducha y te ponen como excusa que es malo hacerlo.

La clase era como todas las que he ido antes, sobrecargada de incienso, que en parte creo que es para disimular el olor a sudor del ambiente, y mucha gente iniciada, la gente se toma demasiado en serio esta disciplina, para mi que se les sube el incienso a la cabeza. Terminan hablando como los Beatles después de sus viajes a la India. El profesor se dedicó a nombrar QUE NO HACER ÉL, todas las posturas con su nombre indio original. Los iniciados le seguían y sabían perfectamente a que se refería cuando les decía que respiraran y entraran en utthita trikonasana, pero para mi, que Bikram me lo subtitulan, resultó agotador porque me pasé la clase mirando a todo el mundo a mi alrededor para saber de qué narices hablaba el profesor. Lo peor es que la posturita de marras, también la haces en Bikram o en Hatha, pero te dicen cómo hacerla, no cómo se llama. Yo como no tengo intención de ir al Ganges a hacer yoga me importa bastante poco cómo se llaman las posturas, a mi con sudar y definir el músculo me vale.

Al final de la clase tenía ganas de matar al profesor y de paso, a todos los que le seguían cual gurú de una secta, así que me relajé bastante poco. Hoy al menos tengo agujetas así que la parte aeróbica la he cubierto, la de las lesiones espero que no, a persar de que el profesor no se dignó a decirnos si nuestras cervicales iban a sobrevivir, bastante tenía con pronunciar en indio perfectamente

Finalmente  he vuelto a buscar otro centro al que voy mañana, espero que la experiencia esta vez sea por fin relajante, por que como no me den la versión doblada de yoga, me paso a las artes marciales, para quitarme el enfado

compras on line


 

 

Desde que las compras baratas on line se han instalado en nuestras vidas, no hay tratamiento glamuroso que se nos resista. Antiguamente, y cuando digo antiguamente, me refiero a hace nada más que cinco años, determinados tratamientos de belleza estaban sólo reservados a bolsillos privilegiados. Hoy en día y por cortesía de, Groupon, Groupalia, Lets Bonus, Atrapalo, etc, muchos de estos tratamientos se han democratizado gracias a las insuperables ofertas que anuncian estas páginas. Así las cosas, quien más quien menos, ha hecho un curso de cata en la Rioja, ha probado la cavitación o se ha dado un masaje en un Hammam, sin olvidar una cena degustación de comida japonesa o un gin tonic en una cocktelería famosa.

Como buena seguidora de tendencias que soy (que conste que sólo lo hago para comentarlo aquí, que nadie piense  lo contrario), todos los días reviso puntualmente las ofertas que me llegan al correo (por cierto, otro día comentaré la manía que tenemos de llenarnos el buzón virtual de publicidad), en busca del tratamiento milagroso y/o novedoso de belleza. Como consecuencia de ello me fui con una amiga a una sesión de pedicura con peces garra rufa.

Por si acaso hay alguien en el planeta que no lo sepa,  los peces garra rufa se utilizan para tratamientos de ictioterapia, ya que succionan las pieles muertas, además segregan una enzima con propiedades rejuvenecedoras.

Una vez sabidas estas cosas, debo decir que llegar a una pecera con cientos de peces moviéndose a la vez y que en el momento que metes los pies, van hacia a ellos cual pirañas, no resulta a priori, muy tranquilizador, máxime cuando al principio del tratamiento, la sensación que te producen los peces es de pequeñas descargas eléctricas. Sin olvidar de que no dejan de intentar escalar por tus piernas, en fin que hasta que pasan unos minutos, piensas en todas las películas de pirañas que has visto en tu infancia. Pasado el tiempo de adaptación, la experiencia empieza a ser gratificante, ya que el masaje que te hacen los bichos es de lo más relajante. El tratamiento termina con un masaje exfoliante y una hidratación de la zona tratada. El resultado final no es comparable a una pedicura, pero sí se puede decir que se trata de un tratamiento exfoliante e hidratante estupendo. En fin super recomendable si encuentras una oferta, en caso contrario, personalmente optaría por una pedicura tradicional, al menos en esta parte del planeta