Archivo de la categoría: hoteles

Hotel La Casa del Infanzón, Sos del Rey Católico.


Fernando el Católico nació lejos del mar, en un pueblo del bajo pirineo aragonés llamado Sos del Rey Católico, dentro de la comarca de las Cinco Villas.

Es un lugar en el que caben muchos tipos de viaje, no defraudará a aquellos que quieran estar en un sitio relajado, ni a los que les guste el senderismo y por supuesto a los que quieran hacer un viaje cultural, pero sea cual fuere el que se elija, el hotel tiene que ser Casa del Infanzón, recomendado por la guía Michelín 2011.

 Se trata de un hotel rural bien decorado, para variar,  hay veces que bajo el título de “rustico” uno se encuentra con todos los muebles viejos de la casa del pueblo de la abuela, o una colección de muebles de pino más bien sosetes. Después de este comentario no es de extrañar que una servidora eligiera la habitación Suite Palacio de Sada que se me antojaba más propia de la campiña inglesa con sus muebles en blanco y su pared roja.

Suite Palacio de Sada

Suite Palacio de Sada

El hotel casa rural es muy acogedor, al ser rural no tiene recepción, no sé si esto pueda ser un problema y el desayuno, que no está incluido  (6,50€)  lo llaman medieval, pero se tenía que apodar  infinito, con platos de jamón, lomo, zumo, huevos  y unas tortas de manteca que deben engordar 2.000 kcal cada una y yo me compré un paquete de recuerdo, una auténtica delicia.

Luego los restaurantes del pueblo tienen tanto diseño que parecen sacados de Dr. Mateo y regentados por María Adanez.

El qué visitar en la zona:

  • Aragón:
    •  las otras 4 villas con sus castillos
  • Navarra:
    • El Castillo de Javier y el monasterio de Leire con sus cantos gregorianos a las 19.00 todos los días y a las 21.05 los domingos.
    • Olite y su castillo, hogar de Blanca de Navarra.
    • Roncesvalles.
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hoteles churriguerescos (hotel Aldiola)


Tengo una amiga que dice que los sitios románticos para ir con tu chico, son definitivamente sitios churriguerescos. Hay un montón de hotelitos situados en sitios increibles, con vistas fantásticas, apartados de la civilización o en pueblos medievales, donde no se te ocurriría ir con nadie más que con tu “churri” y ya te ves tú allí pasando unos días dignos del final de una película de Meg Ryan, (una en la que no salga Tom Hanks por favor, puaj) Como por supuesto todas somos bastante insistentes, cuando se nos mete algo entre ceja y ceja, en algún momento liamos al churri en cuestión y nos lo llevamos a un sitio así en cuanto llega la primera celebración que se precie. Luego, claro está la realidad te supera y te vas al sitio de tu vida ideal en un fin de semana de pelea continua. O te comparte con un Madrid-Barca y te preguntas qué haces tú más aburrida que una paraguaya en el fin del mundo, en un sitio donde no hay siquiera cobertura de móvil, ni internet y tu pareja está de lo más entretenido viendo a Mourinho meterle un dedo en el ojo a alguien del Barça. Ahi vuelve a salir la feminista que llevas dentro y empiezas a renegar de Meg Ryan y del daño que le han hecho su porquería de películas a la sociedad, especialmente en las que sale Tom Hanks. Sin olvidar los imprevistos, claro está, porque me contó una amiga que se fue a una ciudad medieval en Aragón, tan estratégicamente situada que desde allí, además de visitar la zona, podían ir a Navarra y a San Sebastián. En resumen que pretendían pasar unos días romántico-gastronómicos, y así lo hicieron, hasta que una ración les sentó tan mal que se tuvieron que volver a Madrid urgentemente. Creo que no engordaron ni un gramo en el fin de semana gastronomoromántico Como a pesar de todo vamos a seguir intentando pasar el mejor fin de semana de nuestra vida, o las mejores vacaciones, iremos dejando aquí los que después de alojarnos en ellos, nos parezcan más ad hoc, luego como lo pase cada uno en el sitio de marras ya es asunto de cada uno

Empezamos por el Hotel Aldiola Country Resort porque es uno reciéntemente disfrutado. Se encuentra en Cerdeña en el interior de la isla, junto al Lago Liscia. La verdad es que el interior de Cerdeña es más bonito y más tranquilo que la costa, especialmente la Costa Esmeralda. Por supuesto llegar hasta él es un suplicio, ya que las carreteras italianas sólo son superadas por los conductores lugareños, yo creo que debes tener un ADN especial para conducir por ese país sin que sufras un infarto cada cien km. Pero una vez que llegas te parece mentira que se trate de la misma isla del bullicio y los yates de lujo. El hotel está formado por una serie de cabañas escondidas entre la vegetación aprovechando los desniveles del paisaje, cada habitación es una de las cabañas  y cuenta además con una pequeña terraza rodeada de plantas. La sensación de privacidad y aislamiento es increible Tiene además una zona común con una piscina estupenda, fresquita incluso en agosto , que es de agradecer con el calor que hace en la isla, y un comedor pequeño pero muy agradable. Además te dejan bicis para moverte por los alrededores y llegar hasta el Lago Lo malo del sitio son los mosquitos claro está, porque a la compañía le damos la presunción de excelencia, al menos hasta que llegamos al lugar y lo disfrutamos… o no…

Lalola es mucha Lola.


Continuamos por la zona de Somontano pero ahora nos alejamos un poquito del bullicio.

Imaginad que os gusta el vino y formáis parte de una ruta vinícola en coche.  Imaginar que buscáis la tranquilidad y el buen hacer al final de una jornada ajetreada de aquí para allá.  Y entonces llegamos a Lalola.  Estamos en Buera, un tranquilo pueblecito a 20km de Barbastro.  Lalola Posada y Restaurante. Que son lo mismo pero no lo son.   ¿La razón? Están en la misma calle, a dos pasos el uno del otro, pero así ni el restaurante molesta a los huéspedes ni estos a los comensales.

Miguel Angel creó de Lalola hace 15 años.  No se bien que circunstancias le llevaron a estos parajes pero ha creado un espacio increíblemente personal.  Hay un pedacito de corazón en cada detalle.   La Posada es pequeña con sólo seis cuidadas habitaciones y una zona común alegre, acogedora y llena de recuerdos.  Un pequeño jardín con mucho encanto, sobre todo si tenemos la suerte de disfrutar de un soleado día de primavera, redondea el conjunto.  Es en este jardín donde se puede tomar un desayuno sorpresa.   Sorpresa porque yo me lo encontré en la puerta de mi habitación en una cestita de picnic de lo más campestre cuando salía pensando que ya se me había pasado la hora del desayuno y me tocaba lidiar con el día a palo seco sin café.  Con las mismas y mi sonrisa de felicidad agarré la cestita y me acoplé en una de las mesitas del jardín al sol

El restaurante de Lalola también es personalísimo, me recordó a alguno de esos pequeños y bohemios restaurantes de París.  Sorprende porque te dan de cenar en el sentido más amplio dela palabra.  No hay carta.  Es menú, pero menú sorpresa.  Lo vas descubriendo a medida que van llegando los platos a la mesa.  Eso sí, con un trato tremendamente amable y cortés te indican que cambiarán cualquier cosa que no sea de tu agrado y te preguntan si hay algo concreto que no te guste.  Me encantó la sensación de dejarse llevar y salvo el vino (cambiamos un Enate por un Estada tinto roble) no hicimos la más ligera variación a la cena.  Consistió en:   Un poco de embutido de aperitivo; una crema de calabacín seguida de una esqueixada.  Continuamos con un poco de longaniza de Graus, luego una ensalada de escarola para aligerar y finalmente una buena ración de merluza.  De postre tomé una estupenda mousse de limón aunque  ofrecían postres diferentes en otras mesas e incluso algunos platos del menú también variaban según la mesa.  Un muy rico menú y suficiente para salir rodando.  Aunque el cambio de vino encareció un pelín el resultado final creo que ronda unos muy aceptables 30€/persona.

La estancia en Lalola se me antoja repleta de pequeñas sorpresas agradables que, al final, es lo que consigue que recuerdes los lugares.  Me llamó la atención sobre todo  la tranquilidad y contagiosa serenidad con que todo parecía ocurrir en Lalola así como el servicio amable y hasta un punto cariñoso que es tan raro encontrar hoy en día.

Hotel-B


Aunque se trata de un hotel barcelonés (o barceloní como dicen por aquí), esta reseña me la manda una amiga madrileña, que como buena periodista que es, siempre está al tanto de lo último, es una caza-tendencias como hay pocas.

En principio iba a escribir sobre el hotel una vez hubiera ido a conocerlo, pero cuando me he puesto a investigar en internet sobre el mismo (alguien se acuerda de cuándo vivíamos sin google??) me he dado cuenta que ya había estado!!

No me caracterizo por tener memoria de pez, así que la explicación para ello, es que estuve desayunando una noche de San Juan (mi primera verbena en Barcelona). Por entonces yo vivía en un estudio situado en un Pasaje precioso junto a la Plaza de España (lo hubiese llamado zulo pero con la cantidad de cristales que tenía, se asemejaba más a escaparate de banco, de hecho la sensación de indigente, no se me quitó en todo el tiempo que viví allí)

Cuando llegamos, como toca, a las nueve de la mañana después de celebrar la noche más corta del año, nos metimos entre pecho y espalda un súper desayuno del Hotel-B, que por entonces para mí, era “ese hotel tan moderno que han construido en la Plaza España y que no pega nada con todo lo demás”, lo cual no me sorprendía porque en esa Plaza nada pega con nada (claro que combinar algo con una Plaza de Toros, resulta complicado, la verdad)

En ese momento descubrí que los hoteles te venden el desayuno de los clientes al mismo precio que a ellos, y, como nada me gusta más en esta vida que un buen desayuno de hotel, me zampé el típico buffet libre . Recuerdo que éste era de los buenos, de los que tienen zumos naturales recién exprimidos, croissants de mantequilla, tostadas con mermelada de arándanos… en fin que lo recuerdo y babeo. Pero claro, no estaba yo a esas horas como para acordarme del nombre del sitio, con tenerlo localizado tenía bastante.

La noticia del hotel es que abre su terraza, la cual está situada en una octava planta y tiene unas vistas estupendas sobre Montjuic, y ofrece en la misma, además de cócteles (cómo no en Barcelona), un aperitivo por la tarde de: queso, anchoas de la escala (ummm), embutidos y copa de cava o vino blanco, todo ello por 12€.

El hotel está junto al nuevo Centro Comercial Las Arenas, frente a la Fira de Barcelona, así que esta terraza promete ser un sitio estupendo para las tardes del verano, de hecho me muero de ganas de ir cuando haga más calor, a tomar algo a la caida de la tarde, ya os contaré cuando lo haga

 

 

 

 

 

 

Hotel La Galería


Tras enviudar la Reina María Cristina, a finales del S. XIX, trasladó los veraneos de la Corte a San Sebastián, esta decisión condicionó de forma definitiva el futuro turístico y urbanístico de la ciudad. El Ayuntamiento de San Sebastián, en reconocimiento a la gran labor en favor de la ciudad, la nombrará alcaldesa honoraria. Más adelante, ya en pleno desarrollo del Ensanche Cortázar, la ciudad de San Sebastián adquiere su atractivo arquitectónico.

De esta etapa son todos los edificios reseñables de la ciudad, así como las villas del Paseo de Francia todos ellos con un marcado estilo francés que hizo acreedora a San Sebastián del sobrenombre de Pequeña París o París del Sur.

Dentro de este estilo se halla el Hotel La Galería, ubicado en un edificio de finales del S. XIX de estilo francés, frente a la playa de Ondarreta. 

Tengo debilidad por los hoteles pequeños y diferentes y éste es el último en sorprenderme. Claro que no es difícil quedarse impresionada cuando abres el balcón de la habitación y te encuentras frente a la Bahia de la Concha, con el Monte Igueldo a la izquierda. Estoy convencida que el mismo hotel lo pones en la mitad del casco urbano de cualquier ciudad, y aunque el edificio seguiría siendo precioso, perdería el 40% de su encanto. 

El hotel cuenta con veintitrés habitaciones, muchas de ellas con inmejorables vistas de la Bahia. Cada una de las estancias está decorada de forma clásica, lo que añade al hotel un punto decadente que hace que te sientas como en casa de una tía abuela rica de San Sebastian.

Lo único malo del sitio es que el parking es bastante pequeño y el hotel cierra el bar a las doce del mediodía, con lo que si quieres tomar algo a partir de esa hora, tienes que salir.

Sorprendentemente tiene categoría de dos estrellas, (supongo que el horario del bar influye) ya que conozco hoteles con categoría superior bastante peores.