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Lalola es mucha Lola.


Continuamos por la zona de Somontano pero ahora nos alejamos un poquito del bullicio.

Imaginad que os gusta el vino y formáis parte de una ruta vinícola en coche.  Imaginar que buscáis la tranquilidad y el buen hacer al final de una jornada ajetreada de aquí para allá.  Y entonces llegamos a Lalola.  Estamos en Buera, un tranquilo pueblecito a 20km de Barbastro.  Lalola Posada y Restaurante. Que son lo mismo pero no lo son.   ¿La razón? Están en la misma calle, a dos pasos el uno del otro, pero así ni el restaurante molesta a los huéspedes ni estos a los comensales.

Miguel Angel creó de Lalola hace 15 años.  No se bien que circunstancias le llevaron a estos parajes pero ha creado un espacio increíblemente personal.  Hay un pedacito de corazón en cada detalle.   La Posada es pequeña con sólo seis cuidadas habitaciones y una zona común alegre, acogedora y llena de recuerdos.  Un pequeño jardín con mucho encanto, sobre todo si tenemos la suerte de disfrutar de un soleado día de primavera, redondea el conjunto.  Es en este jardín donde se puede tomar un desayuno sorpresa.   Sorpresa porque yo me lo encontré en la puerta de mi habitación en una cestita de picnic de lo más campestre cuando salía pensando que ya se me había pasado la hora del desayuno y me tocaba lidiar con el día a palo seco sin café.  Con las mismas y mi sonrisa de felicidad agarré la cestita y me acoplé en una de las mesitas del jardín al sol

El restaurante de Lalola también es personalísimo, me recordó a alguno de esos pequeños y bohemios restaurantes de París.  Sorprende porque te dan de cenar en el sentido más amplio dela palabra.  No hay carta.  Es menú, pero menú sorpresa.  Lo vas descubriendo a medida que van llegando los platos a la mesa.  Eso sí, con un trato tremendamente amable y cortés te indican que cambiarán cualquier cosa que no sea de tu agrado y te preguntan si hay algo concreto que no te guste.  Me encantó la sensación de dejarse llevar y salvo el vino (cambiamos un Enate por un Estada tinto roble) no hicimos la más ligera variación a la cena.  Consistió en:   Un poco de embutido de aperitivo; una crema de calabacín seguida de una esqueixada.  Continuamos con un poco de longaniza de Graus, luego una ensalada de escarola para aligerar y finalmente una buena ración de merluza.  De postre tomé una estupenda mousse de limón aunque  ofrecían postres diferentes en otras mesas e incluso algunos platos del menú también variaban según la mesa.  Un muy rico menú y suficiente para salir rodando.  Aunque el cambio de vino encareció un pelín el resultado final creo que ronda unos muy aceptables 30€/persona.

La estancia en Lalola se me antoja repleta de pequeñas sorpresas agradables que, al final, es lo que consigue que recuerdes los lugares.  Me llamó la atención sobre todo  la tranquilidad y contagiosa serenidad con que todo parecía ocurrir en Lalola así como el servicio amable y hasta un punto cariñoso que es tan raro encontrar hoy en día.

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